Expertos rechazan declaraciones de Trump que relacionan el paracetamol con el autismo

 

La Agencia Europea de Medicamentos y la Organización Mundial de la Salud coincidieron en que no existe evidencia científica que justifique modificar las recomendaciones actuales sobre el uso del paracetamol en el embarazo.

 

Paracetamol: mitos y realidades en el embarazo
Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, desde la Casa Blanca, 22 de septiembre 2025. Tom Brenner For The Washington Post via Getty Images

La administración de Donald Trump sostiene que existe un posible vínculo entre el autismo y el consumo de paracetamol durante el embarazo. En consecuencia, el Gobierno de Estados Unidos desaconsejó el uso de este fármaco en mujeres gestantes y en pacientes recién nacidos. A la par, sugirió aprobar la leucovorina como tratamiento para el autismo en la población infantil. La comunidad médica ha rechazado tanto la supuesta relación como las recomendaciones federales, al argumentar que no existe evidencia científica sólida que las respalde.

Trump hizo estas declaraciones en una rueda de prensa en la Casa Blanca, a la que asistió Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud. En la ocasión, afirmó que el acetaminofén, principal componente del paracetamol, “puede asociarse con un riesgo muy elevado de autismo. Recomendamos firmemente que las mujeres limiten su uso durante el embarazo a menos que sea necesario desde el punto de vista médico, como en el caso de una fiebre muy alta”.


Microbioma

 

El mandatario sostuvo que, en los últimos veinte años, los diagnósticos de autismo han crecido cerca de 400% en el país. Calificó esta aparente tendencia como uno de “los acontecimientos más alarmantes en la historia de la salud pública”. Sin ofrecer argumentos científicos, aseguró que este tipo de incremento solo puede explicarse por “algo artificial” que la población estaría consumiendo.

 

El presidente reconoció no tener formación médica y señaló que sus declaraciones se basan en su “sentido común”. En paralelo, adelantó que los Institutos Nacionales de Salud financiarán trece proyectos de investigación, de más de 50 millones de dólares, para indagar las causas del autismo.

Reacción de la comunidad científica

Las afirmaciones de Trump sobre la relación entre el trastorno y el uso de paracetamol han sido rechazadas de forma contundente por la comunidad científica. La Confederación Autismo España recordó que “el autismo no es una enfermedad que prevenir ni una patología a eliminar. Es una condición del neurodesarrollo con una base biológica compleja, que determina distintas maneras de percibir, procesar e interpretar la información y, por lo tanto, de comprender e interactuar con el entorno. Desde esta perspectiva, el abordaje del autismo debe centrarse en ofrecer apoyos individualizados, eliminar barreras y estigmas sociales, y garantizar los derechos fundamentales, no en buscar una causa única o una ‘cura’”.

Por su parte, Monique Botha, profesora de Psicología Social y del Desarrollo en la Universidad de Durham, declaró al Science Media Centre del Reino Unido que numerosos estudios refutan la posible correlación entre el uso del paracetamol y el autismo.

“Esto sugiere que no existe un efecto causal del paracetamol en el autismo. No hay pruebas sólidas ni estudios convincentes que avalen tal relación, y las conclusiones en sentido contrario suelen estar motivadas, carecen de rigor y no se apoyan en los métodos más sólidos para responder a esta pregunta”, afirmó Botha.

La especialista advirtió, en contraparte, que el “alarmismo” generado por las declaraciones de Trump podría dificultar que las mujeres embarazadas accedan a una atención médica adecuada y, además, reforzar estigmas en torno al autismo. “Se reaviva el antiguo patrón de vergüenza y culpa materna que hemos visto repetirse durante los últimos 70 años, en los que se intenta responsabilizar a las madres del autismo de sus hijos”, subrayó.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) coincidieron en que no existe evidencia científica que justifique modificar las recomendaciones actuales sobre el uso del paracetamol en el embarazo.

“El paracetamol sigue siendo una opción importante para tratar el dolor o la fiebre en mujeres gestantes. Nuestro consejo se basa en una evaluación rigurosa de los datos científicos disponibles y no hemos encontrado pruebas de que su consumo durante el embarazo cause autismo en los niños”, sostuvo Steffen Thirstrup, director médico de la EMA.

En el mismo sentido, Tarik Jasarevic, portavoz de la OMS, precisó que “si la relación entre el paracetamol y el autismo fuera sólida, probablemente se habría observado de forma sistemática en múltiples estudios. La falta de replicabilidad exige cautela al extraer conclusiones causales sobre el papel del paracetamol en el autismo”.

Dudas sobre el uso de leucovorina

La administración de Trump también anunció que impulsará la aprobación de la leucovorina como tratamiento para aminorar los síntomas del autismo. Este fármaco, una variante del ácido fólico, se emplea habitualmente para tratar algunos casos de anemia y ciertos tipos de cáncer, pero su eficacia frente al autismo aún no ha sido demostrada de forma concluyente.

No obstante, Marty Makary, comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) desde abril, afirmó que la leucovorina “es el primer camino de tratamiento reconocido por la FDA para el autismo”.

La agencia citó un estudio que evaluó el uso de leucovorina en 40 personas con deficiencia cerebral de folato, un trastorno metabólico poco común en el que la vitamina B no es absorbida de manera adecuada por el cerebro. Esta condición provoca una amplia gama de problemas neurológicos, que incluyen alteraciones en el movimiento, el habla, el comportamiento y el desarrollo cognitivo. Algunos de estos síntomas también pueden presentarse en personas autistas.

Con base en esta información, Makary sostuvo que “el autismo puede deberse a una reacción autoinmune a un receptor de folato en el cerebro que impide que esta vitamina llegue a las células cerebrales”. En su opinión, la leucovorina podría atenuar los síntomas del trastorno del desarrollo neurológico. “Cientos de miles de niños, en mi opinión, se beneficiarán de este tratamiento”, afirmó.

Sin embargo, la comunidad científica no comparte esta postura. “Se necesita más evidencia sobre el efecto de la leucovorina en los rasgos autistas fundamentales antes de extraer conclusiones significativas. Las pruebas disponibles son excepcionalmente provisionales y no se consideran sólidas. Del mismo modo, aunque algunos fármacos pueden ayudar en aspectos muy específicos, no existe ningún medicamento o tratamiento que cure o elimine activamente el autismo”, subrayó Botha.

La especialista insistió en que “el autismo es una condición hereditaria de por vida cuya causa principal probablemente sea genética. Las personas autistas son extremadamente heterogéneas, por lo que cualquier tratamiento para rasgos específicos funcionaría solo en manifestaciones muy concretas y en contextos particulares. Las afirmaciones generales sobre curas o tratamientos no suelen ser precisas, útiles ni éticas”.

Dawn Adams, catedrática de investigación sobre el autismo en el Centro de Investigación Olga Tennison de la Universidad de La Trobe, alertó en una declaración recogida por Science Media Centre Australia que “la sugerencia de utilizar leucovorina para ‘tratar’ el autismo es preocupante. Primero, porque la investigación en este ámbito es de mala calidad y no alcanza el nivel que se requiere para hacer recomendaciones de aprobación. Además, este tipo de declaraciones influye en la forma en que la sociedad entiende y percibe el autismo”.

La incidencia de casos de autismo en la infancia estadounidense ha seguido en aumento en los últimos años. Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) revelan que, en 2020, uno de cada 36 niños menores de ocho años fue diagnosticado dentro del espectro autista. Dos años después, la cifra se elevó a uno de cada 31. No obstante, los especialistas atribuyen este crecimiento a la ampliación de los criterios diagnósticos y a la mayor disponibilidad de métodos para detectar de forma temprana el trastorno.

Redacción
Author: Redacción

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