Por Redacción
CRDmedia

En la historia republicana de la República Dominicana, pocos gobiernos han exhibido una incapacidad tan marcada para garantizar el funcionamiento básico de los servicios públicos como el actual gobierno de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM). El caso del Metro de Santo Domingo, símbolo de modernidad y eficiencia en el transporte urbano, es hoy el reflejo más evidente de esta incompetencia.
En apenas dos años, el sistema ha sufrido una cadena de averías que ponen en entredicho la capacidad del Estado para mantener en pie una de las obras más emblemáticas de la capital. Los hechos hablan por sí solos:
- Noviembre 2025: una falla simultánea en la Línea 1 y Línea 2 paralizó el servicio en la estación María Montez, obligando a evacuar pasajeros y activar autobuses de emergencia.
- Ese mismo mes, otra avería en el tramo Mamá Tingó – Hermanas Mirabal dejó a cientos de usuarios caminando por avenidas y puentes, en escenas que recordaron más un colapso que un sistema de transporte moderno.
- 2024: apagones eléctricos paralizaron estaciones enteras, mientras fallas en señalización y energía provocaron retrasos y evacuaciones.
- 2023–2024: colisiones menores entre trenes y hasta incendios eléctricos en equipos auxiliares, que aunque controlados, obligaron a suspender el servicio.
El resultado es devastador: miles de pasajeros evacuados, familias afectadas y una percepción pública cada vez más negativa sobre la seguridad y confiabilidad del Metro. Según reportes, el sistema registra en promedio seis averías técnicas por año desde 2020, pero el incremento desde 2023 es alarmante y revela un patrón de deterioro acelerado.
Este panorama no es casualidad. Es consecuencia directa de la desidia gubernamental, de la falta de inversión en mantenimiento, de la improvisación y de la ausencia de una política seria para preservar los servicios públicos. El Metro, que alguna vez fue orgullo nacional, hoy es símbolo de abandono.
El editorial no busca exagerar: basta con observar cómo los usuarios han tenido que caminar por vías y avenidas tras evacuaciones masivas, exponiéndose a riesgos innecesarios. Esa imagen es la metáfora perfecta de un país donde los ciudadanos son obligados a cargar con el peso de la incompetencia oficial.
El gobierno de Luis Abinader y el PRM pasará a la historia como el que permitió que los servicios públicos se deterioraran hasta niveles insostenibles. El Metro de Santo Domingo es solo un ejemplo, pero es el más visible y doloroso: un recordatorio de que la incapacidad administrativa no solo se mide en cifras, sino en el sufrimiento cotidiano de la gente.