TDAH: No todo Niño Inquieto Necesita una Etiqueta

Por: Maxi Feliz
CRDMedia

TDAH: no todo niño inquieto necesita una etiqueta
Abogada ,Educadora ,Defensora de los derechos neurodivergentes , Pionera de la Investigación Jurídica Sobre Autismo en RD. Política Dominicana ,La voz de la neurodiversidad

Entre el desconocimiento en las escuelas, los diagnósticos apresurados y la incertidumbre de las familias, la República Dominicana necesita respuestas.

¿Cuántas veces hemos escuchado que un niño es malcriado porque no permanece sentado, que no aprende porque no presta atención o que sus padres no saben educarlo?

Detrás de esas palabras puede haber una familia preocupada, un maestro que no sabe cómo ayudar y un niño que termina creyendo que todo lo hace mal.

Como madre de un niño neurodivergente, conozco la importancia de que nuestros hijos sean comprendidos antes de ser juzgados. Y como profesional, me preocupa que todavía confundamos determinadas necesidades del neurodesarrollo con problemas de conducta o falta de disciplina.

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que puede manifestarse mediante dificultades persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad. Pero no todos los niños con TDAH son hiperactivos. Algunos parecen tranquilos, se distraen constantemente, olvidan instrucciones o tienen dificultades para organizar sus actividades.

No todo niño inquieto tiene TDAH, ni todo niño con TDAH es inquieto.

En nuestras escuelas debemos preguntarnos cuánto conocen realmente los docentes sobre esta condición y qué herramientas tienen para responder cuando un estudiante necesita apoyos. Porque no basta con pedirle que se concentre, permanezca sentado o termine sus tareas al mismo ritmo que los demás.

En ocasiones necesita instrucciones más claras, actividades divididas en pasos, pausas de movimiento, estrategias de organización y una metodología que le permita demostrar lo que sabe.

La inclusión no significa bajar las expectativas académicas, sino ofrecer las condiciones necesarias para aprender.

Y aquí quiero recordar una historia. Michael Phelps, uno de los deportistas olímpicos más destacados de la historia, contó públicamente que fue diagnosticado con TDAH durante su infancia. Una maestra llegó a decirle que nunca tendría éxito. Años después, se convirtió en el nadador con más medallas olímpicas de la historia.

Su historia no significa que todas las personas con TDAH tengan que convertirse en campeones. Significa algo más importante: un diagnóstico no determina hasta dónde puede llegar una persona.

También pienso en las familias que reciben constantemente quejas de la escuela y no saben a quién acudir. Padres que escuchan que su hijo necesita una evaluación, pero desconocen dónde realizarla, cuánto cuesta o qué deben hacer después de recibir un diagnóstico.

En República Dominicana no partimos de cero. La Ordenanza 05-2024 establece lineamientos para una educación inclusiva, y el sistema educativo cuenta con mecanismos de apoyo a la diversidad. Pero una norma escrita no garantiza por sí sola que cada niño reciba la atención que necesita. ¿Cuántos docentes cuentan con preparación específica sobre el TDAH? ¿Cuántas familias conocen los servicios disponibles? ¿Y quién garantiza que los apoyos lleguen realmente a las aulas?

Porque no basta con reconocer un derecho. Hay que crear las condiciones para ejercerlo.

Existe otro asunto delicado que debemos abordar con responsabilidad: el riesgo de diagnósticos equivocados.

Un niño que no presta atención no necesariamente tiene TDAH. Las dificultades del sueño, la ansiedad y determinadas condiciones del aprendizaje pueden producir manifestaciones similares. Por eso una evaluación responsable no puede depender únicamente de que un maestro diga que el niño se mueve demasiado o de una consulta apresurada.

Se necesita conocer su desarrollo, escuchar a la familia, recoger información de diferentes entornos y valorar otras posibles explicaciones.

Un diagnóstico equivocado puede perjudicar a un niño, pero no identificar a tiempo una condición real también puede privarlo de los apoyos que necesita.

Lo mismo ocurre con la medicación, un tema que genera preocupación entre muchos padres.

Existen medicamentos que han demostrado beneficios para determinados niños con TDAH. Pero su indicación requiere una valoración individual y seguimiento profesional. En los menores de seis años se recomienda comenzar con intervenciones conductuales y orientación a las familias; en niños mayores, la medicación puede formar parte de un tratamiento que también incluya apoyos educativos y conductuales.

No se trata de estar a favor o en contra de medicar a todos los niños. Se trata de que ninguna familia tenga que tomar una decisión tan importante sin información suficiente y acompañamiento profesional.

La República Dominicana necesita fortalecer la formación docente, establecer rutas claras de evaluación y orientación, garantizar apoyos dentro de las aulas y acompañar a las familias después del diagnóstico.

Porque una madre o un padre no debería tener que convertirse en especialista para conseguir que su hijo sea comprendido.

Y ningún niño debería pasar sus años escolares escuchando que es un problema cuando lo que necesita es que comprendamos cómo aprende.

Antes de etiquetar, evaluemos. Antes de juzgar, escuchemos. Y antes de exigirle a un niño que cambie, preguntémonos qué debemos mejorar nosotros para ayudarlo.

Esa también es la inclusión que tenemos que construir entre todos.

Maxi Feliz
Author: Maxi Feliz

Abogada , aducadora , defensora de los derechos neurodivergentes , Pionera de la Investigación Jurídica Sobre Autismo en RD. Política Dominicana. La voz de la neurodiversidad.

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