Por Wascal A. Montilla Almanzar
Ciudadanía RD Media

En los últimos días se ha planteado la posibilidad de incluir como asignatura obligatoria el idioma creole en la educación dominicana, tanto pública como privada. Las motivaciones son múltiples, desde el mantenimiento de los vínculos históricos, comerciales, hasta los culturales y migratorios, pasando por la actual dinámica fronteriza. Se pretende convertir el sistema educativo dominicano en uno plurilingüe, elevando la preparación del capital humano, ampliando las oportunidades laborales y fortaleciendo la competitividad del país.
Desde el punto de vista de algunas personas, una decisión como esa podría ser beneficiosa para ambos países. Sin embargo, en esta oportunidad se tratará de presentar algunos elementos propios del Estado-Nación, que ayudarán en la comprensión de una decisión de esta dimensión para el futuro del Estado dominicano. Ante esta realidad, surgen las interrogantes siguientes: ¿Cuál es el aporte que ofrecería para la República Dominicana el adoptar el creole como uno de los idiomas oficiales? ¿Cuáles serían las implicaciones para la nación y la identidad nacional?
En este orden de ideas y una vez abordada la primera interrogante, corresponde analizar: ¿Cuáles serían las implicaciones para la nación y la identidad nacional? A modo de reflexión, resultaría muy importante para todos, en especial para aquellos que de alguna u otra manera están administrando o gestionando procesos que tienen que ver con el Estado, el detenerse en algún momento y plantearse a sí mismos, si la posición o decisión que se tiene en cualquier tema de interés nacional afectaría o lesionaría en el futuro, uno de los legados fundamentales de los Padres de la Patria: el Estado dominicano.
Para abordar las interrogantes planteadas en el párrafo anterior, es propicia la ocasión de saber que luego de la aparición del concepto compuesto precedentemente expuesto (Estado-Nación), los Estados son concebidos como una organización política y jurídica que ejerce autoridad sobre una población dentro de un territorio determinado, mediante instituciones que establecen, aplican las leyes y organizan la vida pública. Desde la perspectiva del Derecho, la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales, el Estado es el actor fundamental del sistema internacional y está constituido por un territorio, una población, un gobierno y una soberanía. Visto esta definición, se puede colegir que, para la adopción de una decisión como esa, primero se debe consensuar con los poderes del Estado, ya que su implicación tiene carácter de Estado.
Lo propio ocurre con el concepto Nación, dentro de sus diferentes acepciones, es una comunidad humana vinculada por una identidad histórica, cultural, lingüística o por una voluntad común de pertenencia. La nación es un concepto fundamental porque permite comprender la identidad colectiva, la legitimidad del poder y el origen del nacionalismo moderno. Al igual que el Estado, la Nación tiene sus elementos constitutivos: una historia compartida, cultura y tradiciones, una identidad colectiva y una voluntad de comunidad. Ahí es donde me quiero detener, específicamente en estos tres elementos: Identidad, cultura y lingüística.
Hablemos de la Identidad, particularmente la que nos ocupa, la identidad nacional, es el sentimiento de pertenencia a una comunidad histórica, cultural, lingüística y social, que se corresponde en mayor o menor medida con un país, una región o una comunidad política. La existencia de una identidad nacional supone la manifestación de ciertos sentimientos de amor, orgullo y compromiso con la nación o la patria. Comprende un conjunto variado de elementos que pueden producirse en simultáneo o manifestarse por separados, uno de estos elementos es el Idioma; la identidad nacional se fundamenta en gran medida en el idioma hablado en el seno de una comunidad, siendo la lengua materna la que se suele manejar con más habilidad y con la que se identifica más profundamente.
Es conocido el hecho que el idioma desempeña un papel imprescindible y fundamental en la formación de identidad y la continuidad histórica de una nación, pues a través de ella se transmite la cultura, se conserva su memoria colectiva y se facilita la comunicación entre sus iguales. Se considera como el símbolo por excelencia o la más auténtica expresión nacional.
Comprendida la importancia del idioma en la cultura e identidad nacional, se puede ir concluyendo que la adopción de un idioma dentro de un Estado ha de ser sumamente estudiada y discutida por los poderes del mismo Estado y por aquellos llamados a velar por su mantenimiento. Para tratar de ilustrar y ser más específico en sus implicaciones, debemos de tratar de visualizar el futuro próximo en la relación con el vecino pais, pues resulta que, al adoptar su idioma, se tendría que acoger también su cultura, pues como se ha planteado, su idioma forma parte de su identidad nacional y se supone que la que debemos de preservar es la identidad nacional dominicana.
Como la identidad nacional supone ciertos sentimientos de amor, orgullo y compromiso con la nación, con el tiempo estos sentimientos generarían confusión y deslealtad en ambas partes de la isla, que podrían exacerbar sentimientos nacionalistas. Cuando se habla de nacionalismo, nos referimos a una ideología que considera la nación con una comunidad política fundamental y defiende su identidad, unidad o autodeterminación. Solo a través de un sentimiento nacionalista, se puede conservar nuestra identidad nacional y por consiguiente nuestra nacionalidad.
Es cierto que no todas las naciones comparten una misma lengua, una religión y mucho menos una misma ascendencia, pero en el caso de República Dominicana, podría ser un atentado contra la misma esencia de la dominicanidad y de nuestra identidad como nación el solo hecho de proponer como uno de los idiomas oficiales el creole; lógicamente si lo vemos desde la perspectiva del Estado-Nación.
Con respecto a la inmigración haitiana en la República Dominicana, existen diversas posiciones relacionadas a su impacto social, económico y cultural; no obstante, no ha de ser vista o considerada como una inmigración normal, pues todos sabemos que tiene sus implicaciones, y las consecuencias de la misma ya se están sintiendo. En lo particular estimo que la inclusión del idioma creole no es necesaria, ya que es más conveniente adoptar el francés como segundo idioma si la idea es lograr cierta comunicación, relaciones interculturales y de comercio con los vecinos haitianos. El artículo 5 de la constitución de Haití reconoce tanto el criollo haitiano (creole) como el francés idiomas oficiales. De manera, que para los fines de los intereses nacionales, es más conveniente como se ha expresado precedentemente, adoptar el francés como segundo idioma, ya que junto al español es uno de los seis oficiales que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) utiliza en sus reuniones y documentos.
En consecuencia, la incorporación del creole como segundo idioma oficial, requeriría una evaluación integral de sus implicaciones culturales, sociales e institucionales, a fin de garantizar la preservación de los elementos que históricamente han contribuido a la configuración de la identidad nacional dominicana, impidiendo promover una cultura incompatible con la nuestra y evitando a la vez el riesgo de generar confusión y deslealtad.
