
La misión Artemis 2, prevista inicialmente para el próximo 8 de febrero, ha sido aplazada por la NASA. La nueva ventana de lanzamiento se sitúa en marzo, con la intención de escribir una nueva página en la historia de la exploración espacial.
Este vuelo marcará el regreso de una tripulación humana a la órbita lunar, el primero desde la histórica misión Apolo 17 en diciembre de 1972, cuando los astronautas Eugene Cernan y Harrison Schmitt caminaron por última vez sobre la superficie del satélite.
El lanzamiento se realizará desde el legendario complejo 39B del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida. Allí, el poderoso cohete SLS (Space Launch System) impulsará la cápsula Orion con cuatro astronautas a bordo.
La misión tendrá una duración aproximada de diez días, en los que la tripulación realizará dos órbitas alrededor de la Tierra antes de emprender rumbo hacia la Luna. Según la revista Time, se trata de una trayectoria relativamente sencilla, pero cargada de simbolismo y expectativas.
Los protagonistas de esta aventura son Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto a Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Juntos establecerán un récord al viajar 7.565 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna, superando ampliamente la marca del Apolo 13.
La misión también tiene un fuerte componente simbólico: Christina Koch será la primera mujer en participar en un viaje tripulado hacia la Luna; Victor Glover, el primer astronauta afrodescendiente; y Jeremy Hansen, el primer no estadounidense en formar parte de una misión lunar.
Si Artemis 2 cumple con éxito sus objetivos, la NASA planea dar el siguiente paso con Artemis 3, que podría llevar nuevamente a seres humanos a la superficie lunar en 2027.
La pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué volver a la Luna? En 2010, el entonces presidente Barack Obama canceló el programa Constellation, argumentando que no tenía sentido gastar recursos en repetir lo ya logrado.
Sin embargo, en 2017, Donald Trump relanzó el programa lunar, dando origen a Artemis. Su visión estaba marcada por la nostalgia de la hazaña de 1969 y por la necesidad de reafirmar la superioridad tecnológica de Estados Unidos.
A este impulso se suma la competencia internacional. China ha anunciado su intención de enviar astronautas a la Luna antes de 2030, lo que ha reavivado la carrera espacial del siglo XXI.
El polo sur lunar se ha convertido en el objetivo principal de todas las potencias. Allí, la luz solar es casi permanente en las crestas de los cráteres, mientras que en sus profundidades se encuentra agua congelada, un recurso vital para futuras bases.
Además del agua, el regolito lunar contiene metales, minerales y helio-3, un gas raro considerado como posible combustible para la fusión nuclear. Aunque su explotación económica es cuestionada, su uso in situ podría ser clave para la exploración espacial.
La visión de la NASA y sus socios es transformar la Luna en una base de operaciones, un trampolín hacia Marte y más allá. Empresas privadas como SpaceX y Blue Origin jugarán un papel fundamental en el diseño de los módulos de aterrizaje.
Artemis representa una alianza estratégica entre política, ciencia y sector privado. Para la NASA, significa recuperar protagonismo; para las empresas, una oportunidad de inversión multimillonaria; y para los políticos, un discurso de conquista que conecta con la ciudadanía.
El aplazamiento de Artemis 2 se debe a una fuga de hidrógeno líquido detectada durante los preparativos. Aunque es un contratiempo, la NASA asegura que la seguridad de la tripulación es la prioridad. Los astronautas han sido liberados de la cuarentena y esperan la nueva fecha de lanzamiento que, de concretarse en marzo, marcará el inicio de una nueva era en la exploración lunar.