De la mosca Tse-Tse a Mao Tse-Tung: ¿Populismo o Capitalismo?

Por Roberto Rímoli
Ciudadanía RD Media

En los años 50’, Mao Tse-Tung lanzó El Gran Salto Adelante prometiendo acero en cada patio y comunas donde nadie pasara hambre.
Roberto Rímoli. Dominicano. Intelectual, Periodista-investigador, Psicólogo clínico y de la comunicación. Actualmente reside en Norteamérica.

La mosca Tse-Tse no entiende ideologías. Pica al ganado en el África subsariana, lo infecta con tripanosomiasis  y condena regiones enteras a la pobreza estructural. El hombre, en cambio, si entiende de ideologías y ha logrado resultados parecidos sin necesidad de alas ni probóscide que sirve para succionar, alimentarse, respirar o agarrar objetos.

En los años 50’, Mao Tse-Tung lanzó El Gran Salto Adelante prometiendo acero en cada patio y comunas donde nadie pasara hambre. El resultado fueron decenas de millones de muertos por la hambruna, la mayor catástrofe provocada por decisión política en la historia. Sesenta años después, en Venezuela, otro líder carismático repitió la formula con petróleo en vez de arroz: expropiaciones, precios fijados por decreto, regalos electorales y la promesa del socialismo eterno.

Hoy, el país con las mayores reservas de crudo del mundo tiene colas para comprar harina, y con una inflación que llego al millón por ciento. La mosca Tse-Tsé, me consta, parece benévola al lado, aunque tenga dentro de su retina otro millón de ojos.

No nos engañemos: el populismo tiene dos alas. La de derecha pica igual de fuerte. Trump, Orban o los discursos iniciales de Milei vendieron que el enemigo era la casta, los inmigrantes o los organismos internacionales. Proteccionismo, muros, retorica anti élite, solo que el diagnostico cambia de color pero el veneno es el mismo.

Lo asombroso es que ambos populismos terminan abrazando el capitalismo cuando llegan al poder, solo que lo hacen de la menor manera posible. Chávez creo a los boliburgueses que terminaron siendo multimillonarios con contratos del estado. Trump lleno su gabinete de banqueros de Goldman Sachs; Mao en sus últimos años recibió a Nixon y abrió sus puertas a la inversión extranjera que Deng convertiría en el capitalismo más feroz del planeta.

El patrón se repite con precisión quirúrgica robotizada: concentración de poder,  culto a la personalidad del líder, enemigo externo o interno, gasto publico insostenible financiado con deuda o impresión de billetes, y al final una nueva elite que vive infinitamente mejor que el pueblo al que juro salvar. La diferencia entre el socialismo real y el capitalismo de amigos es mas retorica que real.

África sigue sufriendo la mosca Tse-Tsé, pero también sufre de líderes que, desde Mobutu hasta Mugabe, aplicaron exactamente la misma receta: nacionalizaciones, control de precios, impresión monetaria y enriquecimiento personal. Lo que en el fondo cambian son los discursos, los cadáveres no.’

El verdadero dilema nunca fue el populismo versus capitalismo, sino instituciones que limitan el poder a sistemas que lo concentran. Donde no existen frenos y contrapesos mercados regulados y prensa libre, el daño que pueda hacer un demagogo queda acostado. Donde no los hay, da igual que el líder se envuelva en bandera roja o prometa hacer al país grande otra vez: el resultado es pobreza, miedo y exilio.

La mosca Tse-Tsé no elige a sus víctimas por ideologías. El populismo, sea de derecha o de izquierda, tampoco, ambos prosperan donde la gente dispuesta a cambiar libertad por promesas. Mientras haya oidos ansiosos de cuentos simples en tiempos complejos, siempre habrá alguien dispuesto a picar. La pregunta no es si vendrá envuelto en rojo o en discurso liberador. La pregunta si es aprenderemos a usar el repelente en el momento preciso.

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