Por Carmen Imbert Brugal
Ciudadanía RD Media

Entonces la sorpresa, el crujir de dientes, sin posibilidad de infierno. El libreto es similar y exitoso: rabia, diatriba y después el desvanecimiento en procura del olvido subterfugio adecuado para la complicidad.
En el reino de la virtud, con la regencia de un ser nimbado, construido con delicadeza de orfebre, cincelado para la adoración de la masa irredenta y alienada, un percance atenta contra la tranquilidad y la potente narrativa de la diferencia.
Ese “no somos iguales” retumba con redoblantes de codicia, del fariseísmo despiadado y destructor que detesta las instituciones y no cree en división de poderes y por eso se apropia de cada uno.
La rentable secesión ética ratifica la consagración de la irritante desigualdad que el boato subraya para estrujar el dominio de la minoría inexpugnable que ya no patrocina, manda.
Los hechos atentan contra consignas y amenazas. El eco que multiplicaba como letanía “nosotros no, los otros sí” atenuado persiste, aunque suena a burla.
El empiece investigativo obliga reflexiones quizás inútiles. Confusiones procesales desafían al órgano persecutor que luce rehén de la acción atribuida al jefe de Estado y de gobierno que declara de manera obsesiva que no se inmiscuye en diligencias persecutoras ni judiciales.
Después de tantos controles, alardes de transparencia, relato virtuoso, todo queda atrás sin olvidar los errores subsanables.
El chismorreo fue sustituido por la auditoría visual aplicada a los adversarios. Todavía el anacrónico argumento de las chancletas, de la pobreza de otros convertidos en funcionarios continúa en el catálogo de descalificación para encubrir a los que llegaron a la administración pública con espléndido patrimonio decididos aumentarlo parapeteados tras la inmunidad del cargo.
La fanfarronería de los supuestos involucrados en la comisión de las infracciones que contiene el caso Senasa jamás llegó a los oídos adecuados. La aparatosa entrada a restaurantes y centros de diversión, la adquisición de costosos inmuebles, la caravana que presidía el trajinar por las colapsadas avenidas, nunca fue rumor en los pasillos palaciegos. Tampoco el traqueteo en las oficinas destinadas a la logística de campaña electoral y al acopio de fondos ofrendados al partido oficial por el sector externo.
Se repiten las engañifas. Primero el coro afirmaba que la decisión del juez de Atención Permanente de enviar al CCR Najayo a siete de los imputados en el caso SenaSa no podía cumplirse por falta de espacio en el recinto. Rápido el motivo fue transformado. El colectivo se enteró que el traslado a Las Parras fue para proteger a los imputados de una eventual agresión.
Destacable el celo demostrado para el cuidado del grupo que ahora permanece encerrado, acusado de afectar con sus manejos fraudulentos a millones de personas. Pocos pueden agredir a muchos y el Estado, antes indiferente, ahora actúa para evitar la venganza privada.
La temporada es aliada de las maniobras para negociar, exculpar sin desmedro del respeto a la presunción de inocencia. Propicia para la reinvención de estrategias. Necia la memoria que recuerda la pregunta hecha a Khrushchev, secretario del partido comunista soviético, mientras reseñaba al politburó los crímenes cometidos por Stalin: ¿Dónde estaba usted, camarada Nikita? Busquen la respuesta.
