
A las 8:30 de la noche, las luces del Estadio Cibao se encendieron para dar inicio a una velada histórica. El grupo santiaguero Martox abrió el espectáculo con su tema “Mi atención”, agradeciendo la oportunidad de compartir escenario con el maestro de la bachata y el merengue.
Poco después de las 9:30, el público estalló en júbilo cuando Juan Luis Guerra apareció en escena interpretando “Rosalía”, marcando el inicio de un recorrido musical que abarcaría más de tres décadas de éxitos.
La asistencia fue masiva, con el estadio completamente lleno, confirmando la vigencia y el cariño que el público mantiene hacia el artista. Desde el primer acorde, la energía se sintió en cada rincón del recinto.
El repertorio incluyó clásicos como “Bachata Rosa”, “Visa para un sueño”, “El Niágara en bicicleta” y “Burbujas de amor”, canciones que han marcado generaciones y que fueron coreadas por miles de voces.
La noche también estuvo llena de sorpresas con invitados especiales. El primero fue Frank Ceara, quien interpretó “Así bonito” por primera vez en vivo, emocionando al público santiaguero.
El grupo venezolano Rawayana se unió a Guerra para cantar “El Niágara en bicicleta” y luego presentó su tema “Feriado”, aportando frescura y diversidad al espectáculo.
Otros artistas invitados fueron El Prodigio, quien acompañó en “El Farolito” y “Ven”; El Blachy, con “Buscando visa para un sueño”; y el saxofonista puertoplateño Sandy Gabriel, que brilló en piezas como “La Noviecita” y “El costo de la vida”.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Juan Luis recordó los inicios de 4.40 en 1984. “Ya han pasado 42 años, me gustaría recrear ese momento aquí con ustedes”, dijo antes de interpretar “Tú” junto a Maridalia Hernández, Mariela Mercado y Roger Zayas.
La agrupación también deleitó con “Como abeja al panal”, bajo la dirección de Yanina Rosado y con la participación de Quico Rizek, reviviendo la esencia original de la banda.
El espectáculo incluyó un innovador show de drones, que dibujó en el cielo imágenes alusivas a las canciones. Temas como “Bachata en Fukuoka”, “Hormiguita” y “Estrellitas y duendes” se acompañaron de estas proyecciones aéreas, creando un ambiente mágico.
En total, Juan Luis Guerra interpretó más de 35 canciones, con tres cambios de vestuario, demostrando su energía y compromiso con el público que lo ovacionaba sin descanso.
El cierre fue apoteósico. Tras interpretar “Las Avispas”, el público pidió “otra, otra, otra”. El maestro regresó al escenario para cantar tres temas más: “A pedir mi mano”, “Bachata Rosa” y “La Bilirrubina”, sellando una noche que quedará grabada en la memoria colectiva como uno de los conciertos más grandes en la historia del Estadio Cibao.