Por General Rafael Guillermo Guzmán Fermín
Ciudadanía RD Media

“Tengan paciencia… miren cómo el agricultor espera el precioso fruto de la tierra”
(Santiago 5:7).
Sin continuidad de Estado no hay reforma posible ni frutos que recoger
La propuesta bíblica del apóstol Santiago, el cual escuché en la misa de este pasado domingo 14 de diciembre, no solo tiene valor espiritual, sino también una profunda dimensión ética e institucional. El agricultor siembra con esperanza, pero entiende que el fruto no depende de la prisa, sino del tiempo, del cuidado constante y de condiciones estables. Metáfora que resulta especialmente pertinente para analizar el prolongado y frustrante proceso de la reforma policial en la nuestro país. El cual procedo a explicar:
La semilla ha sido sembrada repetidas veces
Durante las últimas décadas, distintos gobiernos han anunciado ambiciosos planes de reforma policial. Los diagnósticos sobran, diferentes comisiones han trabajado y propuestas técnicas no han faltado. Sin embargo, los resultados estructurales siguen siendo limitados, y no porque la institución del orden público se haya resistido de manera sistemática a los cambios, como con frecuencia se afirma, sino porque la reforma nunca ha tenido el tiempo necesario para desarrollarse y consolidarse.
Cada gobierno ha querido sembrar su propia semilla, desmontando la anterior antes de que germinara, tal como ocurrió con el exitoso PLAN DE SEGURIDAD DEMOCRÁTICA diseñado en el período de gobierno 2004-2012, el cual fue desarticulado a partir de la siguiente administración 2012-2020.
A pesar del tiempo transcurrido, aún se continúa cambiando modelos, se sustituyen planes de formación, se interrumpen procesos y se reinicia el discurso, como si el simple cambio de nombre, de uniforme o de enfoque garantizara resultados inmediatos.
La falta de continuidad: el verdadero problema
El Apóstol Santiago habla de las lluvias tempranas y tardías, indispensables para que la semilla dé frutos. En términos institucionales, esas lluvias se traducen en continuidad de Estado, coherencia estratégica y voluntad política sostenida. La reforma policial no puede depender de ciclos electorales ni de la lógica de “borrón y cuenta nueva” cada cuatro años.
Cuando una administración desmonta lo que la anterior inició, no solo retrasa el proceso, sino que envía un mensaje desalentador a los cuadros policiales formados, a los técnicos involucrados y a la sociedad que espera resultados. Así, la reforma se convierte en un eterno comienzo sin madurez.
La impaciencia política y sus consecuencias
El pretender tener resultados inmediatos en una transformación estructural, tal como esta administación prometió que reformaría a la institución del orden en dos años, es desconocer la naturaleza misma del cambio institucional.
En este contexto, la impaciencia política, motivada por urgencias mediáticas o electorales, termina siendo enemiga de la verdadera reforma, ya que la Policía Nacional es una institución compleja, con cultura, jerarquías y dinámicas que requieren tiempo para ajustarse a nuevos paradigmas.
La consecuencia de esta inconstancia es grave, pues se desgasta la institución, debilita la credibilidad del Estado y profundiza la desconfianza ciudadana. Sin tiempo, no hay aprendizaje; sin continuidad, no hay transformación; sin frutos visibles, no hay confianza.
Mantener firme el corazón: una exhortación al liderazgo político
El llamado de San Santiago a “mantener firme el corazón” interpela hoy, más que nunca, a la dirigencia política nacional, pues reformar la Policía Nacional exige paciencia estratégica, responsabilidad histórica y una visión de Estado que trascienda gobiernos y partidos políticos.
Una verdadera reforma policial no necesita más anuncios ni de expertos extranjeros ni nuevos comienzos, sino perseverancia, evaluación técnica y compromiso sostenido. Solo así la semilla ya sembrada podrá crecer, fortalecerse y, finalmente, dar los frutos de profesionalismo, legalidad y seguridad que la sociedad dominicana demanda.
El autor es miembro del Círculo Delta
