
Washington/Oslo. – La líder opositora venezolana y reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, sorprendió al mundo al entregar la medalla de su galardón al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un encuentro privado en la Casa Blanca.
Machado justificó el gesto como un reconocimiento al “compromiso único” de Trump con la libertad de Venezuela, evocando un paralelismo histórico con el obsequio que el general Lafayette hizo a Simón Bolívar hace dos siglos. La Casa Blanca difundió posteriormente una fotografía de ambos sosteniendo la medalla en el Despacho Oval.
Sin embargo, la acción ha generado una ola de críticas en Noruega, país sede del Comité Nobel. La institución aclaró en un comunicado que el premio no puede ser revocado, compartido ni transferido, aunque los galardonados son libres de disponer de la medalla, el diploma o el dinero recibido.
Expertos y figuras políticas noruegas calificaron el gesto como “inaudito” y “una falta de respeto”. Janne Haaland Matlary, profesora de la Universidad de Oslo, lo consideró “vergonzoso y perjudicial para uno de los premios más reconocidos del mundo”. Por su parte, Raymond Johansen, secretario de la ONG Ayuda Popular Noruega, expresó que la acción “daña la credibilidad del Nobel”.
El debate se intensifica con opiniones como la de Kirsti Bergstø, líder del partido de la Izquierda Socialista, quien afirmó: “El premio de la paz no se puede regalar”. Mientras, Trygve Slagsvold Vedum, del partido de Centro, señaló que la aceptación de Trump refleja “su afán de engalanarse con honores ajenos”.
Aunque no es la primera vez que una medalla Nobel cambia de manos —como ocurrió con Ernest Hemingway, James Watson o Dmitry Muratov—, el caso de Machado ha desatado un fuerte cuestionamiento sobre el valor simbólico y político del galardón.