Por José Ricardo blanco
CRDmedia

Creo que no existe un dominicano que no esté consciente de que, como nación, uno de los más graves atentados que hemos padecido lo es la infiltración dolosa del registro civil gracias al fenómeno de la corrupción como un factor cultural generalizado, así como también la convicción generalizada de que nada es nada, fundada en la ausencia del Estado en su deber de cumplir y hacer cumplir la ley, la cual ha conllevado a que muchos dominicanos entiendan que se puede hacer cualquier cosa en la más absoluta tranquilidad de que aquí no pasa nada, especialmente cuando lo que se hace parecería estar envuelto en una vocación de solidaridad mal entendida. Es frecuente que madres que han perdido hijos declarados desde muy temprana edad entiendan que se acreditan frente a los ojos de Dios si toman esa acta de nacimiento y se la dan a un extranjero “para ayudar ese pobre infeliz”, lo hacen consciente e inconscientemente de que al hacerlo incurren en delito, pero el tema no se detiene en esas humildes madres, el tema también se establece en el ámbito de estructuras con acceso a data que localizan los casos y los colocan en el mercado.
El fenómeno al que me refiere tiene múltiples expresiones, por ejemplo, no sé cómo lo hacen, pero hay estructuras dedicadas a establecer familias que han migrado y se han radicado con menores de edad en el extranjero, al llegar a la mayoría de edad, muchas de esas actas son usadas para la suplantación de identidad de nuestra diáspora, la cual resulta ser una de las comunidades más afectadas por esas prácticas. También tenemos el caso de padrotes que declaran decenas de hijos a veces a cambio de una botella de ron y un par de pesos, por no hablar hasta de sacerdotes como el padre Christopher Hartley que asumió como parte de su deber presbiterial declarar decenas de haitianos como hijos suyos, por solo enumerar algunas prácticas, que son muchas y las mismas no excluyen el involucramiento de personal de las oficialías del estado civil aunque se debe anotar que no afecta a todo el sistema que está servido por una gran cantidad de gente íntegra.