
El ejercicio del periodismo sigue siendo un componente indispensable para el buen funcionamiento de cualquier sociedad. Sin embargo, la libertad de información, derecho que todos los estados deberían proteger, continúa siendo vulnerada cuando los comunicadores incomodan al poder político o al crimen organizado.
Al mes de diciembre de 2025, se contabilizan 67 periodistas asesinados en el mundo. De ellos, 53 fueron víctimas de la guerra o del crimen organizado. Un dato estremecedor revela que 43% de estas muertes ocurrieron en la Franja de Gaza, bajo el fuego del Ejército de Israel, mientras que 24% se concentran en México, donde el narcotráfico ha retomado la práctica de eliminar a periodistas que afectan sus intereses.
Estas cifras reflejan un retroceso alarmante en la protección de la libertad de prensa y muestran cómo muchos periodistas se convierten en testigos incómodos al denunciar corrupción y otros ilícitos.
En República Dominicana, aunque no se registran asesinatos de periodistas, el principal riesgo es la autocensura: el silencio impuesto por el temor a represalias, la descalificación pública o la presión de sectores de poder.
La libertad de prensa —el derecho a publicar ideas sin censura previa y a informar sobre la realidad de cada lugar del planeta— es una garantía que los estados deben custodiar. La prensa cómplice que sueñan las dictaduras y algunos gobiernos tiene cada vez menos espacio en un mundo donde el engaño no puede sostenerse indefinidamente.