Por Carmen Imbert Brugal
Ciudadanía RD media

La tradición obliga, el fin de un ciclo amerita recuento. Es el repaso de lo conseguido y lo pendiente, el tormento privado por la procrastinación y la frustración por el incumplimiento de las metas públicas, ese compendio de promesas que conforma el discurso oficial útil para la creación de vanas expectativas que sirven para aquietar resabios.
Es el momento de la competencia agobiante entre quienes recuerdan los hechos que marcaron el calendario que se agota. Desde el primer día del último mes del año comienza el inventario de tragedias, fracasos, amenazas, presentimientos y miedo. La mención de cadáveres, el relato de los derechos conculcados, la maldad humana por doquier, la imposibilidad de piedad o consuelo, la desesperanza. Ocurre urbi et orbe, menos aquí. El estilo criollo es diferente, en RD nada altera la armonía paradisíaca del régimen.
Mientras se alejan las celebraciones navideñas, aunque todavía suenen las melodías de “Cantares de Navidad” interpretada por el “Trio Vegabajeño”, la preparación para el fin de año no admite perturbaciones. Lo pasado, pasado y en la medida que no se mencione seguimos adelante.
Atiborrados con los sucesos del año 2025 que apenas cuenta con dos días para finalizar, el “Santo Domingo no problem” se impone. No es obligación ni pancarta la conmiseración menos la mención de acciones desagradables que involucran la responsabilidad penal de otros, mejor repetir cifras para la confirmación del bienestar.
La ficción institucional es la norma, la fe mueve montañas tanto como permite creer que aquí todo está bien y para avalar la creencia se multiplican las alabanzas al gobernante.
Y por eso descansa en un rincón la responsabilidad que produjo el derrumbe del techo de la discoteca Jet Set, es el mismo recoveco que encubre la violencia de estado acribillando jóvenes. Ahí en ese rincón está la vergüenza por la muerte de la niña Stephora, el desamparo cotidiano de la marginalidad aturdida por el vapor de la hookah y el consumo libre de cualquier sustancia prohibida en la inaplicada ley 50-88, tan inútil como la ley General de Migración, la ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial y el extenso etcétera que sirve para propiciar el acotejo facilón para la gobernanza que incluye el desconocimiento de la presunción de inocencia y la división tripartita de los poderes del estado.
Acechó el caso SeNaSa con pretensiones de alterar la paz y entre luces y villancicos se esfuma el reconcomio que produjo la revelación de los detalles del crimen contenidos en la solicitud de medida de coerción.
Los aprestos para fin de año producen el milagro, se esfumaron de la agenda detalles y malevas suposiciones que involucran un reino que sí es de este mundo. Guarachera manera de ignorar problemas, evitar desafíos y exculpar. Así se pretende la transformación postergada, de negación en negación, encubrimiento tras encubrimiento. Engaño colectivo con el soporte de abalorios oficialistas. Prima el optimismo. Todo está bien. Los estrategas compondrán la carga en el camino. La venta de silencios reditúa, la noche queda atrás. El empeño se destina a la celebración de la buenaventura del nuevo año.
