Cuando docente hace alarde de excesiva sabiduría, más que maestro, es una bomba ilustrada

Por: José Lino Martínez Reyes
CRDmedia

“Cuando el maestro presume más de lo que enseña
José Lino Martínez Reyes.

Este artículo puedo calificarlo de raro. Trata un tema de cuando un profesor se auto erige en una persona pretenciosa de creerse que el púlpito de la enseñanza es un trono de emperador. Creía que era una especie en extinción pero, parece con una experiencia que tuve, y no hay otra manera sustentarlo, que el  propio delirio social lo atrapa   como uno de sus más avanzadas víctimas.

Desde la óptica de la enseñanza andragógica, o sea la orientada a las personas mayores que necesitan una enseñanza en ambiente de confianza y armonía académica, dado que cualquier andragogo o que se precie de serlo, se le impone,  enseñar a partir de las posibles limitaciones de la adultez, sabiéndose que a quienes tiene sentados por delante son personas ya realizadas y por ende, no son alumnos, sino, grandes sabios silentes o cuando no, adultos ya realizados en sus roles o competencias, y deciden incorporarse a ser participante de un proceso aprendizaje, lo menos que merece es respeto a su dignidad y a su investidura de adulto mayor.

No tengo nombre qué especificar o señalar. Lo dejo cerrado para que no crean que es inquina el hecho de desahogar que fui testigo de un docente atrapado en un acto de abstracion de casi herederos del linaje de Dios. Y que siendo sabio, muy sabio, en materia de interacción con sus discentes, se comporta de forma enegumena que en vez de lograr traspasar conocimientos, en un ambiente de tolerancia y respeto, convierte el aula en una fabrica de autómatas y sus “disertaciones en bombas capsuladas en su propio ego”. A veces, genera admiración por su innegable sapiencia, lo malo es su latigo posesivo de adultos convertidos en niños de tetas que más bien de sacar conocimientos, experiencias y vivencias convierte el aula en el culto de autoidolatría de su brillante y dotado cerebro. Sinceramente, generan igual al proverbio de la pena, construido por sobre la base de expresar, ” en vez de enseñar lo que da es pena “.

Grandes andragogos señalan en el participante, que se denomina así porque tiene un espacio abierto para participar, no necesariamente con sabiduría, sino explorándola en su docente. Y más, el docente que presume en omnipotente, descuida cerciorarse que el discente es el mundo al cual se va sacar inquietudes para recibir salir del letargo de su ignorancia. Por tanto, el profesor que se coloca en un olimpo de sabiduría, ipso facto resulta presumir que para llegarle a su alma de educador resulta ser más difícil que subir al cielo sin pasar por la nube que ilumina igual que el  sol, él solo por el día y ella, por su propia luz, que, se enciende en profundas  mimitas y se acuesta con la misma luz de sus centellas.

Finalmente, el docente indiferente a la ignorancia del alumnado que busca salir de ella, resulta ser un ignorante, que no sabe que precisamente, sólo los ignorantes conscientes de ella, exploran con aparentes boberías, a través de sus preguntas, si el docente es sabio o cree que la enseñanza es más escuela para los docentes que para los propios cuestionadores, entonces se está en presencia de un alma de doble filo.

 

Redacción
Author: Redacción

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