
Este 19 de diciembre, el cometa interestelar 3I/Atlas alcanzó su punto de máximo acercamiento a la Tierra, marcando el mejor momento para observar al tercer objeto confirmado que proviene de otro sistema estelar. Durante esta ventana, científicos y entusiastas de la astronomía pudieron seguirlo con la mayor resolución posible y estudiar algunos de sus comportamientos más enigmáticos. En WIRED en Español reunimos en esta guía todo lo que necesitas saber sobre este visitante cósmico.
El paso del cometa pudo observarse en distintos horarios según la ubicación. En la Ciudad de México, la mejor ventana se concentró entre las 02:00 y las 04:30 del 19 de diciembre, con la constelación de Leo visible hacia el este-noreste, a una altura de entre 20 y 30 grados; en Los Ángeles, el intervalo óptimo fue de 01:00 a 04:00, en una posición similar del cielo. En Madrid, en cambio, la observación se dio casi al amanecer, entre las 05:30 y las 07:30, con Leo elevándose hacia el este, a unos 25 a 40 grados sobre el horizonte.
Cerca, pero no tanto
Conviene matizar qué significa hablar de “el punto más cercano” al referirse a este evento. Según los cálculos de agencias espaciales como la NASA y la ESA, 3I/Atlas redujo su distancia hasta unos 270 millones de kilómetros de la Tierra. Para ponerlo en perspectiva, eso es casi 700 veces más lejos que la separación entre la Tierra y la Luna, e incluso supera la distancia promedio a Marte, estimada en 225 millones de kilómetros. El cometa se mantuvo, por tanto, a una distancia considerable de nuestro planeta, lo que descartó cualquier probabilidad de riesgo.
Se trata de un cometa de entre 10 y 30 kilómetros de diámetro, con su característica cola y una atmósfera de gases. Su brillo en el firmamento fue muy bajo en comparación con el de las estrellas o planetas visibles a simple vista, por lo que resultó imposible distinguirlo sin ayuda óptica.
En términos astronómicos, su magnitud rondó el +11, lo que lo situó entre los objetos que solo pueden observarse con telescopios medianos —de entre 250 y 300 milímetros de apertura— o con binoculares potentes de 25×100. A través de estos instrumentos no apareció como un punto brillante bien definido, sino como una “nube” difusa y resplandeciente; en condiciones favorables, incluso fue posible distinguir su cola.
¿Cómo ver el cometa 3I/Atlas?
La mejor ventana de observación del cometa interestelar se dio durante la madrugada del 19 de diciembre, en la región de la constelación de Leo, muy cerca de Régulo, su estrella más brillante. En ese momento, Leo se encontraba a unos 20 a 40 grados sobre el horizonte, hacia el este o noreste. En términos prácticos, no era necesario mirar directamente hacia lo alto del cielo, sino buscar relativamente cerca de la línea que separa la tierra del firmamento; una referencia útil fue colocar la palma de la mano en posición vertical sobre el horizonte, lo que equivale aproximadamente a 20 grados.
Para maximizar las posibilidades de observación, fue indispensable alejarse de fuentes de luz artificial y buscar un punto elevado que permitiera ver el horizonte sin obstrucciones. Además, la cercanía de la luna nueva —que ocurrió al día siguiente— ofreció una noche especialmente oscura. Tanto el telescopio como los binoculares debieron montarse sobre un soporte firme para evitar cualquier movimiento accidental durante la observación.
¿Y qué sigue para el cometa?
El mes pasado, la NASA confirmó que 3I/Atlas es un cuerpo natural y descartó la hipótesis de que el cometa fuera un objeto tecnológico. También admitió que su composición es única en el sistema solar. Los astrónomos apuntarán sus instrumentos hacia el cometa para confirmar algunas suposiciones y aportar nuevos conocimientos para los modelos de formación planetaria.
Recuerda que desde el 27 de noviembre la Red Internacional de Alerta de Asteroides inició un monitoreo activo que culminará el 27 de enero de 2026. En general, no se espera una revelación trascendente más allá de lo ya estudiado.
