El popular acordeonista Chimbí se guarece en la miseria después de cobijar tanta alegría

Luego de tocar en fiestas, noches típicas en resort y pasadías, ahora en su casa parece un sobreviviente de un holocausto.

A pesar de haber alegrado tanta gente, en tantos lugares y durante mucho tiempo, Inocencio Galvez, el popular Chimbí, el más diestro ejecutante del acordeón y de la música típica de la región Este, reside en una destartalada vivienda con piso de tierra, sin baño, sin cocina y en condiciones infrahumanas.

En el drama de esta gloria descuidada del canto y el arte, seguidor de Tatico Henríquez, parece repetirse la historia de otros consagrados músicos, que luego de una vida de aplausos y fama terminan en la pobreza extrema.

El que aprendió de su padre a tocar el instrumento, es conocido y tatareado en campos y ciudades, contratado para verbenas, fiestas, noches típicas en resort y pasadías. Sin embargo, al visitarlo en su casa parece un sobreviviente de un holocausto.

La triste realidad evidencia gran pobreza y mucho descuido en la vivienda marcada con el número 21 de la calle Teo Cruz 21 del sector Cañada Francisca, donde inicia Villa Guerrero en esta ciudad.

Aquello no parece la vivienda, de quien erguido e improvisando hilvana estrofas de temas como: “Qué Lío”, “Cueros Tapao”, “Que me lo den ahora” y otros que son repetidos por muchos e incluso con páginas en YouTube.

Realmente su realidad contrasta con quienes los siguen en las redes sociales, sin que saque beneficios a los muchos view ni a la demanda y llamadas constantes de amigos para salir y acompañarlos a divertirse.

Las jocosidades de Chimbí son muy conocidas y celebradas. Es músico, compositor y actor, quizás es una corriente genética, dado que varios de sus hermanos son también improvisadores y ocurrentes.

Sin embargo, detrás del hombre predilecto para los lunes donde Juan D´Cana, que atrae público de diversos pueblos del Este, la realidad no le sonríe, más bien le golpea. Su casa, envuelta en zinc viejo, trastes regados, estufa inservible y escasa iluminación, deja pasar por los orificios del techo los rayos solares, en una evidencia de lo extremo.

Descuidado, reside solo, atento a la promesa de repararle su vivienda del exsenador e ingeniero Roberto Rodríguez, quien mandó a medir su solar hace más de un mes.

Ya antes, le habían realizado otras mediciones y luego del huracán Fiona, ninguna autoridad se le ha acercado.

Varios de sus amigos están pendiente de su salud, a veces afectada cuando se alarga “la bohemia” o la fiesta nocturna.

Chimbí, reconocido como el típico por excelencia de la región Este, tiene sobradas condiciones en la música típica y el arte, pero ahora requiere atención.

A veces se refugia en la fantasía del afecto y de la música, en esa misma donde sabe contagiar de alegría cuando sube al escenario, por lo que requiere ayuda profesional.

El veterano acordeonista necesita un lugar adecuado donde vivir, dormir, cocinar, asearse y realizar sus necesidades, coherente con lo que han sido su más de 40 años alegrando y aportando su talento, como una gloria popular, que hay que rescatar y conservar. ¿Quién se anima a ampararlo?

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