Juan Rodríguez: El primer migrante de la ciudad de Nueva York.

por Albin Cepeda
CRDmedia

Juan Rodríguez: El primer migrante de la ciudad de Nueva York.

En 1613, el barco Jonge Tobias atracó en las orillas del río Hudson, trayendo consigo a Juan Rodríguez, un marinero nacido en la isla de La Española, en la actual República Dominicana, con ojos avizores hacia el prometedor comercio de pieles. Cuando el capitán anunció el retorno a Holanda, Rodríguez tomó una decisión audaz. Se desembarcó del barco, amenazando con arrojarse por la borda si se lo impedían. Recibió armas y herramientas para sobrevivir hasta el próximo año, marcando su importancia como el primer habitante no autóctono en estas tierras.

Rodríguez no solo fue un pionero, sino también un hábil intérprete y comerciante en esta nueva frontera. Su habilidad para entender distintos idiomas, adquirida en sus contactos con extranjeros en La Española, le permitió comunicarse y comerciar con los indígenas de la tribu Lenape que habitaban la región.

En 1614, cuando el capitán Thijs Mossel regresó, se encontró con una sorpresa: Rodríguez trabajaba para otra expedición holandesa que había llegado poco antes. Esto desencadenó un conflicto entre las embarcaciones y Rodríguez se vio envuelto en una disputa violenta, resultando herido y siendo rescatado por sus nuevos socios.

La historia de Juan Rodríguez estuvo al borde del olvido hasta que el historiador Simon Hart lo mencionó en 1959, en un libro sobre los primeros viajes holandeses al Hudson. Esto llevó a que otros investigadores lo vieran como un ejemplo temprano de la presencia afroamericana en lo que hoy es la Gran Manzana. Residió en el lugar antes de la fundación de Nueva Amsterdam por los holandeses en 1624 y su posterior renombramiento como Nueva York tras la conquista inglesa en 1664.

Rodríguez, según Stevens-Acevedo, fue un proto-dominicano característico de su época: un hombre negro, libre y decidido, defensor férreo de su libertad. Además, se le ha definido como el primer latino y el primer emprendedor en este rincón del mundo.

No menos notable es su unión con una mujer indígena de la tribu local, un ejemplo temprano de la interacción entre culturas que caracterizaría a la futura Nueva York. Esta unión simboliza la capacidad de Rodríguez para construir puentes entre mundos distintos y forjar relaciones significativas en un contexto de encuentro cultural.

A pesar de su relevancia, su historia permaneció en la penumbra de la mayoría de los neoyorquinos hasta hace poco, destacando una tendencia a “blanquear” la historia de la ciudad.

En 2012, el entonces alcalde Michael Bloomberg aprobó el nombre de parte de Broadway en honor a Juan Rodríguez, un tributo a su legado perdurable y al papel crucial que desempeñó en la forja de la Nueva York que conocemos hoy. Su historia nos recuerda que la diversidad y el coraje de individuos como Rodríguez siguen siendo los pilares fundamentales de esta metrópolis cosmopolita.

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