
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció un discurso televisado desde la Casa Blanca en horario estelar, asegurando que los “objetivos estratégicos centrales” de la guerra contra Irán están próximos a cumplirse. Tras un mes de ofensiva militar junto a Israel, pronosticó que el conflicto duraría dos o tres semanas más.
Sin embargo, el mensaje fue percibido como un refrito de declaraciones anteriores, sin aportar claridad sobre las salidas posibles ni sobre el plan de paz de 15 puntos que Washington había promovido días atrás. La omisión de estos detalles dejó abiertas múltiples interrogantes sobre la estrategia real de la Casa Blanca.
Mientras tanto, Israel continúa recibiendo ataques con drones y misiles, incluso en Tel Aviv, horas antes del inicio de la Pascua judía. La falta de coordinación visible entre Trump y el gobierno de Benjamin Netanyahu genera incertidumbre sobre la duración y el alcance del conflicto.
Otro punto crítico es el estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán y vital para el comercio petrolero mundial. Trump alternó entre exigir su reapertura y delegar la responsabilidad en los aliados, sin ofrecer un plan concreto. La promesa de que “se abrirá naturalmente” al final de la guerra no tranquilizó a los mercados.
Las encuestas reflejan un rechazo mayoritario de los votantes a la operación militar, mientras los precios del combustible en EE.UU. alcanzan niveles históricos. El galón de gasolina superó los cuatro dólares por primera vez en casi cuatro años, intensificando el malestar social y político.
En este contexto, la aprobación del presidente se desploma a meses de las elecciones de medio término. Su discurso, lejos de disipar dudas, dejó la impresión de un mandatario que busca desesperadamente una salida al conflicto, lanzando mensajes contradictorios que aumentan la sensación de incertidumbre nacional e internacional.
Con información de BBC Mundo