Por: Carmen Ulloa
Ciudadania RD Media

La nueva ISO 45010 convierte un tema históricamente relegado a la intimidad en una cuestión de seguridad, permanencia y liderazgo laboral.
Imaginemos una planta de zona franca a las diez de la mañana. Una operaria de 48 años lleva veinte minutos pidiendo relevo para ir al baño. Sabe que necesita cambiarse, pero el uniforme es claro, la línea no para y su supervisor, de 30 años, no sabe cómo abordar la situación. Ella no se siente en condiciones de explicárselo. A fin de mes, después de doce años en la empresa, pide su liquidación. En la entrevista de salida escribe: «motivos personales».
Escenas como esta ocurren en fábricas, hoteles, hospitales y oficinas de República Dominicana, y casi nunca llegan a una evaluación de riesgos. Hasta hace poco, ni siquiera teníamos un documento técnico internacional al cual remitirnos. Desde septiembre de 2026 lo tenemos.
La Organización Internacional de Normalización publicó la ISO 45010:2026, Gestión de la seguridad y salud en el trabajo: menstruación y menopausia en el lugar de trabajo. Es la primera norma internacional dedicada al tema. Lo que más me llamó la atención fue quién la desarrolló: el comité técnico ISO/TC 283, responsable también de la ISO 45001 y la ISO 45003. Su única referencia normativa es la ISO 45001. Dicho de otro modo, no es una guía médica ni un documento exclusivo de recursos humanos: es una norma de seguridad y salud ocupacional, y así hay que leerla.
Se trata de una norma voluntaria de orientación. No es certificable, no crea por sí sola obligaciones legales en República Dominicana y puede integrarse a los sistemas de gestión basados en la ISO 45001. Durante años tratamos la menstruación y la menopausia como asuntos privados que cada mujer resuelve como puede. La norma parte de otro lugar: no son enfermedades, sino etapas normales de la vida; sin embargo, el entorno laboral puede empeorar los síntomas o aliviarlos, y esa parte sí le corresponde a la organización. Es la misma lógica que aplicamos al ruido, al calor o a la carga postural: no podemos eliminar la condición, pero sí controlar el entorno.
Según la norma, 1.800 millones de personas menstrúan cada mes y para 2030 habrá más de 1.200 millones de mujeres en la menopausia o después de ella. Cerca del 70 % de quienes menstrúan tiene síntomas que afectan su vida diaria. Entre una cuarta parte y un tercio de las mujeres vivirá síntomas menopáusicos incapacitantes. Además, la perimenopausia puede comenzar entre cuatro y ocho años antes de la menopausia, justo cuando muchas mujeres llegan a puestos de supervisión y gerencia después de veinte años de carrera.
Ignorarlo también cuesta. La norma cita estimaciones según las cuales reemplazar a una trabajadora puede costar entre seis meses y dos años de su salario. Ya medimos el ausentismo, el presentismo y la rotación. Lo que pocas veces hacemos es preguntarnos cuántas veces esta es una de las causas.
Quien ya tiene un sistema certificado no necesita crear otro. El Anexo G de la ISO 45010 cruza sus orientaciones con las cláusulas de la ISO 45001. El tema puede incorporarse mediante el análisis del contexto, la política de SST, el liderazgo y la participación de los trabajadores, la identificación de peligros y evaluación de riesgos, los recursos, la competencia, la toma de conciencia, el seguimiento y la medición.
Hay una orientación muy concreta que cualquier profesional de SST entiende a la primera: considerar la menstruación y la menopausia como factores del trabajador dentro de la evaluación de riesgos y analizar su interacción con los seis factores psicosociales de la ISO 45003: demanda, control, apoyo, relaciones, rol y cambio.
En los próximos 90 días una empresa puede comenzar con cinco decisiones sencillas. La primera es revisar los baños: garantizar acceso sin restricciones, disponer de productos menstruales, colocar contenedores de desecho en cada cubículo y habilitar un lugar discreto para cambiarse y guardar ropa de repuesto. La segunda es auditar uniformes y EPP para comprobar si el diseño, la talla, la transpirabilidad o la dificultad para retirarlos agravan el calor, obstaculizan el acceso al baño o reducen la comodidad, sin comprometer la protección.
La tercera decisión es permitir pausas breves y flexibilidad temporal ante síntomas intensos e inesperados, de acuerdo con las exigencias del puesto. La cuarta es incorporar el tema a la identificación de peligros y evaluación de riesgos, considerando calor, turnos, hidratación, acceso a baños, fatiga, dolor y tareas críticas como conducción, trabajo en altura u operación de equipos. La quinta es formar primero a los supervisores. El Anexo B ofrece orientación para mantener una conversación confidencial, formular preguntas adecuadas, evitar diagnósticos o recomendaciones de tratamiento y relacionar cada necesidad con un ajuste laboral razonable.
Hay una regla que atraviesa toda la norma: nadie está obligada a revelar información personal. El apoyo debe estar disponible sin que la trabajadora tenga que justificar su experiencia ante su jefe.
Llevo años trabajando en seguridad y salud ocupacional y, durante mucho tiempo, yo misma traté este tema como algo que no se menciona en un comité de seguridad. Leer la ISO 45010 me hizo ver que el silencio también puede convertirse en una condición de trabajo, y que romperlo es una decisión de liderazgo.
El liderazgo femenino en SST no consiste solamente en ocupar puestos. Consiste en cambiar qué consideramos un riesgo y en quién pensamos cuando diseñamos un puesto de trabajo. Muchos entornos laborales fueron concebidos cuando las mujeres no tenían la representación que poseen hoy. Rediseñarlos es tarea de todos, pero alguien tiene que ponerlo en la agenda.
En República Dominicana todavía no contamos con una traducción oficial ni con la adopción de la norma por parte de INDOCAL. No hace falta esperar para revisar prácticas internas. Las empresas que ya trabajan con la ISO 45001 disponen de una estructura que les permite empezar de manera voluntaria.
La ISO 45010 no pide convertir a los supervisores en médicos ni obligar a ninguna mujer a revelar información privada. Pide algo más elemental: revisar si el trabajo, tal como está organizado, agrava una experiencia normal de la vida y termina expulsando talento que la empresa afirma querer conservar.
La menopausia ya entró en la conversación internacional sobre seguridad y salud laboral. Ahora falta saber cuánto tardará en entrar en nuestras matrices de riesgos.