Por Redacción
CRDmedia
Todo comenzó en Nepal con una prohibición: el acceso a redes sociales como Facebook, Instagram, YouTube y X fue bloqueado por el gobierno. Pensaron que la juventud, especialmente la generación Z, se quedaría en casa, como en otras ocasiones. Pero esta vez, la indignación fue un río desbordado, miles salieron a las calles con una furia que lo arrasó todo: el palacio presidencial, el Congreso, las residencias de líderes políticos. La represión fue brutal, pero insuficiente. El ejército tuvo que evacuar funcionarios en helicópteros. El país colapsó.
¿Por qué traemos a colación este episodio? Porque aquí, en República Dominicana, no se ha prohibido el acceso a redes sociales, pero sí se ha intentado silenciar la verdad. Los videos grabados por ciudadanos durante el tiroteo en Santiago, donde cinco jóvenes murieron a manos del DICRIM, son testigos mudos de una tragedia que no puede ser maquillada con comunicados oficiales.
Los familiares lloran, gritan, denuncian. Hablan de ejecuciones, no de enfrentamientos. De jóvenes que levantaron las manos para identificarse como barberos, no como criminales. De cuerpos abatidos sin juicio, sin defensa, sin oportunidad. ¿Qué diferencia hay entre la censura digital en Nepal y la censura de la verdad en RD? En ambos casos, el Estado intenta controlar el relato. En ambos casos, los jóvenes pagan con su vida.
La Policía Nacional debe responder. No con excusas, sino con transparencia, justicia y responsabilidad institucional. No se puede seguir criminalizando la juventud por su apariencia, por su barrio, por su silencio. Porque cuando se acaban las palabras, empiezan los gritos. Y cuando se ignoran los gritos, empieza la furia.
Nepal ardió por la censura. ¿Qué hará República Dominicana ante la sangre derramada? ¿Esperará a que las calles hablen con fuego? ¿O escuchará antes de que sea demasiado tarde?
