Burnout: cuando las exigencias laborables sobrepasan los límites humanos

Por:Jeffrey Medina
Ciudadania RD Media

Ingeniero industrial y experto en seguridad y salud ocupacional. MBA en Gestión Óptima de Proyectos de la Universidad de Cádiz, España, y Maestría en Gestión Integrada: Medio Ambiente, Calidad y PRL de la Universidad Internacional Iberoamericana, EE. UU.

El estrés, aceptado como un fenómeno necesario para los procesos evolutivos, fue definido en 1936 por Hans Selye, endocrinólogo húngaro, como “alteraciones fisiológicas resultantes de la incapacidad de un ser vivo para responder apropiadamente a las amenazas físicas o emocionales al organismo”. El síndrome de burnout o síndrome de desgaste profesional, ha sido considerado como una entidad patológica producto de un estrés crónico de profesiones que prestan servicios de atención prolongada e intensa a personas que están en una situación de necesidad o dependencia, término que fue descrito por primera vez en 1974 por Freudenberger, pero en 1981 Maslach y Jackson lo describieron como un modelo multidimensional caracterizado por agotamiento o cansancio emocional, despersonalización y reducida realización personal que puede terminar hasta en la muerte.

Las aproximaciones iniciales de Frederick Freudenberger y Cristina Maslach consideraban el síndrome de Burnout como exclusivo de las profesiones de servicios humanos (PSH), debido a que quienes lo padecían eran, primordialmente, profesionales que ayudan a otras personas, y que por la naturaleza de su trabajo están sometidos continuamente a demandas de alta implicación emocional, que se combinan con estresores organizacionales, afectando su salud mental y física a través de sentimientos de baja autoestima, despersonalización e ineficacia. De ahí que se pensaba que las profesiones más vulnerables a este síndrome eran las de salud (medicina, enfermería, obstetricia, psicología, etc.), de seguridad (policías, vigilantes, etc.) y docencia (profesores de inicial, primaria, secundaria y enseñanza superior).

Los riesgos psicosociales ocasionados por el estrés laboral se encuentran entre los problemas que más dificultades plantean en el ámbito de seguridad y salud en el trabajo, ya que afectan de manera notable la salud de las personas y de esta forma las organizaciones y la economía nacional. Un entorno psicosocial favorable promueve el buen desempeño y desarrollo personal, así como también el bienestar físico y mental de los colaboradores/as.

¿Cuáles son las causas del Síndrome de Burnout?

Existen diversos motivos por los cuales un colaborador/a puede llegar a padecer Burnout, pero su principal detonante es el entorno laboral y las condiciones de trabajo.

El colaborador/a expuesto de manera continua a excesiva carga de trabajo, horarios extensos, poca o nula autonomía, malas relaciones con sus compañeros, falta de apoyo en su entorno, falta de formación, entre otros; puede llegar a padecer un estrés crónico que acaba provocando el Burnout.

Es importante aclarar que, a diferencia del Burnout, el estrés no es un trastorno, pues puede entenderse como el grupo de cambios físicos y hormonales que experimenta nuestro organismo ante una situación demandante, es decir, es una respuesta ante un estímulo. Sin embargo, el Burnout es la consecuencia del progreso de un alto estrés laboral, el cual podría presentar consecuencias alarmantes a nivel físico y psicológico.

Reconocer los síntomas de burnout en el trabajo

El primer paso para prevenir y afrontar este fenómeno es reconocerlo. Tres indicadores interrelacionados evidencian la presencia de este enemigo oculto en una organización:

  • Agotamiento: el/la colaborador/a se siente cansado y fatigado en todo momento, aun cuando acaba de incorporarse a su puesto en la mañana.
  • Agresividad: se comportará agresivo ante las más pequeñas reclamaciones. Un saludo efusivo o demasiado extendido puede resultarle incómodo y despertar una reacción violenta.
  • Ineficacia: el colaborador/a, que es víctima de este enemigo silencioso, reduce su productividad, se expresa de forma negativa ante cualquier propuesta, no está interesado en mejorar su trabajo o en recibir críticas, aunque estas sean para mejorar su desempeño.

 Las consecuencias que ocasiona el síndrome del quemado en los profesionales son múltiples, afectando no solo al colaborador/a sino también a la organización en la que desempeña su actividad, debajo una lista de consecuencias enmarcadas en 3 dimensiones:

Físicas: manifestaciones generales (cansancio, pérdida de apetito, malestar general), problemas osteomusculares (dolor de espalda, dolores cervicales, contracturas musculares) alteraciones inmunológicas (aumento de infecciones y alergias, problemas dermatológicos), problemas sexuales (impotencia parcial o total, frigidez, ausencia de eyaculación), problemas cardíacos (taquicardia, dolor precordial, hipertensión arterial), problemas respiratorios (catarros frecuentes, taquipnea, crisis de asma), problemas digestivos (gastritis, úlcera duodenal, náuseas, diarrea), alteraciones del sistema nervioso (jaquecas, trastorno del sueño con predominio del sueño ligero e insomnio, sensación de vértigo con inestabilidad locomotriz y sensación de vacío), alteraciones hormonales ( trastornos menstruales).

Emocionales: agotamiento, sentimiento de fracaso y vacío, baja tolerancia la frustración, impotencia ante el problema, nerviosismo, inquietud, dificultad de concentración, olvidos frecuentes, falta de atención y mala memoria, tristeza con tendencia a la depresión, falta de compromiso laboral, escasa o nula realización personal, baja autoestima, despersonalización).

Conductuales: conductas adictivas con abuso de sustancias tóxicas (tabaco, alcohol, otras) irritabilidad, cambios de humor bruscos, hostilidad, aislamiento, agresividad, falta de eficacia, disminución de la capacidad para tomar decisiones, menor rendimiento laboral, absentismo laboral. Familiares y sociales: problemas de pareja, deterioro del núcleo familiar en general, aislamiento

¿Cómo puedo proteger a mis colaboradores/as?

Si eres el encargado o dueño de tu empresa, recuerda que de ti depende el bienestar de quienes trabajan para ti, y de ello depende su rendimiento, entonces:

  • Ofrece a tus colaboradores las herramientas necesarias para que ejecuten sus tareas diarias de manera adecuada y oportuna.
  • Brinda un espacio confortable en el que se pueda llevar a cabo el trabajo sin contratiempos y de forma efectiva.
  • Identifica los puestos de trabajo con más carga laboral, lleva a cabo una evaluación y toma las medidas necesarias en pro del bienestar de tus empleados.
  • Implementa programas que le permitan a tus equipos de trabajo gestionar el estrés de la mejor forma.

Y lo más importante, recuerda que el factor humano es el capital más valioso de tu empresa, por lo que debes ofrecer las mejores herramientas, entrenamientos y sobre todo paquetes atractivos de beneficios y compensaciones que apoyen y nutran la satisfacción laboral de tus colaboradores.

 

Necesitamos cambiar, pero también necesitamos pausas para poder ir asimilando esos cambios

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