La culpa es más que mía, la culpa es más que nuestra

Mnistro tras ministros plantan en su gestión lo que ellos suponen sería la clave para las mejoras educativas, desechando las que ya estaban en marcha y sin detenerse a evaluar la pertinencia de las nuevas

Por: Kervin Vicente Morillo
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El modelo educativo dominicano ha caído en el vacío y a pesar de los intentos aparentes que se realizan no despegamos, no alzamos el vuelo y en vez de eso, parecería que retrocedemos.

A través de los tiempos, ministro tras ministros plantan en su gestión lo que ellos suponen sería la clave para las mejoras educativas, desechando las que ya estaban en marcha y sin detenerse a evaluar la pertinencia de las nuevas como también el alcance de las viejas. Políticas de estado van y vienen en consonancia con la educación dominicana, cambios de modelos educativos que; se suponen, también se imponen, que se obligan, que se manchan, se prostituyen, se violan.

Pactos educativos por aquí, por allá, por todas partes, que se toman, que se retoman, que nunca se cumplen, que se apagan, que se olvidan, que se suplantan, que se sepultan.

Regionales (directores) sin regionalismos, aislados de la región, distritales sin distritos, pero sí con oficinas en las que pocas veces se recibe a directores y maestros que buscan resolver los problemas de educación. Técnicos sin técnicas que sugerir porque no saben en qué fundamentarlas. Centros educativos en condiciones para albergar jóvenes, pero no estudiantes, los hay también sin condiciones que aspiran a educar, a preparar para el futuro, a transformar vidas.

Directores de centros sin orquesta y más que eso, sin tener los conocimientos mínimos para dirigir una, coordinadores descoordinados sin las intenciones mínimas de asirse de esa tan importante labor en los centros. Psicólogos que necesitan atención, contextualizarse, razonar, aprender. Orientadores desorientados que olvidan que para poner un algo a funcionar, un todo debe trabajar, profesores sin ser maestros, que no leen, que no están formados, sin educación sin principios. Estudiantes que no estudian, que no trabajan, que no cumplen. Familias inoperantes que no apoyan, que no forman, que no colaboran, que no instruyen, bueno, a decir verdad, hacen muy poco por la educación de sus hijos.

Es irónico que con todas estas distorsiones se pretenda hablar de calidad educativa si ni siquiera poseemos calidad morar para hacerlo… Pero a juzgar por los hechos la culpa es más que mía; por no alzar mi voz de protesta en contra de un ministerio de educación que por los siglos de los siglos ha respondido sólo a intereses políticos y partidarios de un estado que, a la vez que promueve la educación apuesta a una sociedad chatarra, que no piense, que no analice, que no lea, que no progrese. La culpa es más que mía, por pertenecer a un gremio que no defiende las políticas educativas pertinentes, un gremio que se emboba lamiendo las mieles del poder, un gremio que me vende al mejor postor, que pacta a mi nombre con el oficialismo sin mi opinión sin consultarme.

La culpa es más que mía, por aceptar modelos educativos impuestos por el sistema para conducirnos como corderos al matadero, para asfixiarnos, para someternos, para callarnos, para dominarnos. La culpa es más que mía por asistir a talleres de formación que te deforman, que te hostigan, que te cansan, que te enseñan nada o en el mejor de los casos, te enseñan cosas que no te sirven y jamás te servirán.

La culpa es más que mía, por no protestar en contra de los estudiantes irresponsables, irrespetuosos, sin formación, sin aspiraciones, sin modelos a seguir más que reguetoneros y políticos corruptos que se enriquecen con la miseria y la ignorancia de la población.

La culpa es más que mía por ser parte de un centro educativo sin identidad, sin modelo, sin planes ni metas más que las que impone el sistema, un sistema que planifica mejoras que desmejoran el accionar educativo, que funden la voluntad, el deseo, el trabajo, que aniquilan sueños.

La culpa es más que mía, por permitir que un departamento de (orientación y sicología), no un orientador maestro o un psicólogo padre o amigo de la escuela influya en los procesos formativos de la educación. La culpa es más que mía, por someterme a modelos educativos copiados, plagiados que sólo se enfocan en cómo se enseña sin jamás tomar en cuenta cómo se aprende y es en esa parte donde se deberían invertir todos los recursos de un estado, de un ministerio de educación.
La culpa es más que mía, por dejarme convencer del cuento que un currículo por competencias en República Dominicana, va a formar estudiantes competentes para crear, para inventar, para crecer, para emprender, para investigar, para independizarse; esas competencias no irán más allá de ser un potencial candidato para dejarse someter.

La culpa es más que mía, por acuñar la efímera idea que una jornada escolar extendida en este país sería la salvación de un sistema educativo fallido. Una jornada escolar extendida vacía, sin más que desayuno desnutrido, comida sin otras intenciones más que favorecer al compañero con los contratos y personas cansadas de contenidos amplios y poco puntuales.

La culpa es más que mía, por permitirme trabajar en aulas vacías, sin sentido común, sin ideales, sin metas. Aulas aisladas de la sociedad, de la vida, del mundo mismo, aulas sin color, sin sabor, sin chispas, aulas encajonadas, aulas y nada más que eso.

La culpa es más que mía, por no comprometer, por no convencer a las familias de que juegan un papel importante en la formación de sus hijos.

La culpa es más que mía, por votar en un gremio por mi partido, no por un maestro, no por un dirigente, no por un educador comprometido con la educación.
La culpa es más que mía, por no promover propuestas de mejoras acertadas, puntuales, aterrizadas; que combatan el problema mismo con soluciones certeras, contextualizadas, originales, propias, nuestras.

La culpa es más que mía, por comerme el cuento que la culpa es más que mía, siendo que la culpa es más que nuestra; de todo un país.

Autor:
Un culpable también… Kervin Vicente Morillo