Editorial: El viento de enero de 2022

 
Por Edris Saint-Amand
LE NOUVELLISTE

Edris St Amand, autor de “Dios se ríe”

Edris St Amand, autor de “Dios se ríe”, tiene otra obra titulada “El viento de enero”. Enero en referencia a la revolución de 1946, la primera que intentó poner a Haití en el camino de la democratización. Cada año, en la política haitiana, el viento de enero sopla, en una u otra dirección, favoreciendo el poder o las oposiciones.

El segundo lunes de enero de 2022, se cumplirán dos años desde que el presidente Jovenel Moïse, mediante un mensaje publicado en Twitter, señaló el lapsus del Parlamento haitiano.

El viento de enero se llevó a nuestros parlamentarios.

“Este lunes 13 de enero de 2020 culmina la 50° legislatura. Tomamos nota del decaimiento del Parlamento y tomamos nota de este vacío institucional provocado por la salida de la Cámara de Diputados y 2/3 del Senado”, escribió el extinto Presidente.

Sin estridencias, sin quejarse y sin regocijo, los parlamentarios, denunciados y con resultados catastróficos, empacaron.

El vacío dejado por el borrado del Parlamento permitió al presidente Jovenel Moïse tomar todos los poderes. Aprovechó para publicar, sin oposición ni contrapoder, decretos y órdenes para modificar leyes, promulgar nuevas o crear instituciones.

En la misma lógica, al margen de todas las prescripciones constitucionales, el presidente decidió cambiar la Constitución vigente, nombró unilateralmente una comisión para redactarla y un Consejo Electoral para organizar un referéndum.

El resto lo sabemos.

Mucho antes del atroz asesinato del presidente Moïse, las instituciones haitianas estaban todas rotas y nada sucedió como esperaba el jefe de Estado.

Demasiado poder había sofocado el poder.

Solo quedan diez senadores al momento de escribir y un debate mudo agita a la clase política: ¿debemos destituir al pequeño resto del Senado?

Como en 2020, los senadores no son de utilidad práctica para la República. Sin quórum no pueden reunirse oficialmente y sin la Cámara de Diputados no pueden influir en los acontecimientos.

Para su desgracia, incluso para fingir, el primer ministro Ariel Henry no los consulta. El Senado aparece como un peso muerto donde se agitan ambiciones políticas o políticas ambiciosas…

La tentación es grande de dar otro golpe a Jovenel Moïse.

La principal justificación sería decir que su mandato, contrario a lo que anuncian los senadores, se agota a partir de este segundo lunes de enero de 2022 y no de enero de 2023.

Si el Primer Ministro decide para 2022 sin consultar, ¿no se planteará una pregunta contra sí mismo: terminará su ministerio el 7 de febrero de 2022?

En este mes de enero de 2022, el país se encuentra sin ley madre aplicable y sin responsables con legitimidad suficiente para salir adelante. La solución más sencilla sería un acuerdo interhaitiano, pero nadie lo quiere realmente.

El actual gobierno se siente cómodo en los claroscuros y sus opositores quieren todo menos este equipo de gobierno.

Para gran desgracia del país, ninguno de los campamentos tiene un plan o los medios para llevar el barco nacional a puerto por sí solo. Todo el mundo parece olvidar que demasiado poder mata al poder.

En enero de 2022, ¿la clase política sacudirá el viento de enero, a riesgo de que se lo lleve todo a su paso o lo hará por “Good Lord Laughs”, como el título de Edris St Amand?