La Desgracia Pluvial de la 27 de Febrero y las Responsabilidades.

Por José Ricardo Taveras Blanco.
CRDmedia

La Desgracia Pluvial de la 27 de Febrero y las Responsabilidades.
José Ricardo Taveras Blanco.

Está muy claro que el desplome de una de las pantallas norte del paso elevado de la 27 con Máximo Gómez tiene como fundamento todo un cocktail de responsabilidades, conforme a la versión del Ing. estructuralista Reginal García, responsable del diseño, el colapso se debió a la falta de un drenaje adecuado porque esa obra por el lugar que se encuentra no ameritaba ser anclada; por otra parte, el Ing. Luis Adolfo Abbott Zorrilla, si no el mejor, para mi uno de los mejores y más experimentados estructuralistas con que cuenta el país, se debió a un error de diseño, versión por la que me inclino con la humildad del profano, sin dejar de admitir que el tema del drenaje juega un rol determinante, que en detrimento de la primera tesis, debió ser previsto en el diseño, porque un riesgo de esa magnitud no se puede dejar al azar, no solo por el agua, sino por los potenciales riegos sísmicos.

Por supuesto que si bien hay un fallo en el diseño en lo que respecta a la incapacidad para resistir la carga hidrostática que recibió, admitido por el propio diseñador de la obra, también es respetable su argumento en el sentido de que no participó de la supervisión de la ejecución, un protocolo razonable en toda obra conforme indica el sentido común. Comenzando por ahí, eso no quita que existan otras responsabilidades como la negligencia de dotar el DN y otras ciudades del país de una adecuada infraestructura de drenajes, así como protocolos rutinarios de los organismos técnicos llamados a dar seguimiento al tema para evitar desgracias, en eso probablemente nadie esté exento de culpa, pero con todo respeto, los que han visto las señales desde las inundaciones del año pasado les tocaba llevar ese paciente a emergencia y lo dejaron abandonado.

Veo mucho énfasis en establecer responsabilidades y eso es positivo si el tema se asume con rigor técnico y científico en el que sean sopesadas todas las variables, porque el tema es demasiado delicado como para derivar consecuencias ligeras, pues si bien el error de diseño probable es una responsabilidad técnica más que política, eludir el peso que ésta tiene no sería responsable, porque en medio de todo está la miopía de ignorar el desarrollo de la indispensable ciudad del subsuelo y en eso más que una culpa debemos combatir una cultura, por supuesto, sin dejar de derivar responsabilidades puntuales.

Mientras eso ocurre, el tema ahora es centrar los esfuerzos en realizar un diagnóstico general de nuestras infraestructuras críticas a lo cual se aboca atinadamente el gobierno, resolver en todas aquellas que sea necesario y resarcir el irreparable daño a las víctimas, porque en términos de responsabilidad civil, el Estado es definitivamente culpable respecto a los afectados y víctima indudable de los responsables técnicos de la ejecución de la obra y del imperioso mantenimiento que ameritaba.

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