LOS INGREDIENTES DE TU PIEL

Por Angela Lora |

Por mucho tiempo y ya en edad adulta, me gustaba mucho ver los muñequitos de las Chicas Superpoderosas: Bombón, Bellota y Burbuja. Llamaba mucho mi atención ver que eran fuertes, pero sensibles, soñadoras, complementarias entre si y sobre todo niñas. Me gustaba la receta con la que fueron creadas, azúcar, flores y muchos colores, pero también por la sustancia X, el ingrediente oculto que les otorgaba los superpoderes.  Mucho tiempo después descubrí que ese ingrediente especial que otorga superpoderes no es más que amor.

Me hice fan de las chicas superpoderosas y hasta celebré, no hace mucho tiempo atrás, un cumpleaños con esa temática.  Invité a mis amistades a que liberaran su niño interior y estuviesen representados, de la manera que pudieran, por su superhéroe favorito.  En algún lugar de este blog también hay un escrito que hace referencia a los superpoderes. 

En fin que la magia, la creatividad y la niña en mi, que no está muy en el interior, siempre han sido temas vigentes.

Recientemente, pasando canales en la televisión, coincidí con la promoción de los muñequitos y se me quedaron en la cabeza las líneas de la introducción.  Me quedé pensando, tomando como referencia la fórmula secreta del Profesor Utonio, en la diversidad de ingredientes con que se va formando la piel que nos envuelve.  

Se me ocurrió que hay personas a las que les predomina el hielo en la piel, aunque su interior no es brillante, ni son transparentes, más bien oscuros y densos.  Hay otras que también el interior es complicado, pero su piel está hecha de fuego y me parece que también las hay de fuego que tienen mucha dulzura mezclada, como el caramelo o la melaza.

Creo que habrá algunas por ahí que tienen una alta cantidad de risa en la piel, mezclada con viento fresco y aroma de lavanda. Otras desde lejos tienen la piel con aroma de lavandería, con sensación de lavandería, hasta con filo y sin la más mínima arruga; como esa ropa que uno ni se la quiere poner para no quitarles la perfección. Por la misma razón que son perfectas, también son distantes.

Siento la pasión y el enigma de aquellas que al mirarlas sabes de inmediato que la mezcla de su piel debe tener un sabroso vino tinto y aroma de cera de velas, que el calor les debe emanar de la piel. Otros huelen a fiesta, a escarcha y lentejuelas, hierbabuena que sabe a alegrías.Algunos los imagino con aroma de café, con la piel teñida de los colores de amanecer, llenos de empatía, de vitalidad, por supuesto después de tomar café. 

Algunas pieles son especiales, ya tienen tanto tiempo acumulado que de lejos se sienten esponjosas, suaves, como sábanas recién lavadas pero de manera sorprendente con aroma a bebé recién empolvado.  De esas, hay quienes desde siempre han sido de esa manera, aún con la piel lisa, y en otras ha sido el tiempo que les ha dado esa sensación.

El cuero, seco, rígido, aunque puede ser suave, es algo que imaginamos en un abuelo.  O eso me parece.

Pero no es solo la piel, como sentido del tacto, sino la influencia que ejercen las experiencias de vida, la gente que nos rodea, los lugares en que hemos habitado.  Eso me lleva a pensar en la gente que ha vivido cerca del mar, la mirada se vuelve profunda, como  la inmensidad del océano y la piel refrescante, con sabor a sal y a vacaciones. Con paso sereno y de pocas palabras.

Hacer este ejercicio, escribir e imaginar, me ha llevado a fijarme en cada una de las personas que me rodean y tratar de identificar, por sus acciones, por su mirada, por su sonrisa o por la falta de ella, cuales ingredientes guardan en su despensa para fomar la piel que llevan.

Aún estoy en el ejercicio de identificar la mía propia.  Pienso que será de café y no solo porque me gusta sino pensando en la fuerza de su sabor, que para algunos puede ser dulce y para otros un poco más difícil de digerir; también tendría atardeceres y no solo por los colores sino por la calidez, sin olvidar que también hay hermosos atardeceres grises.  Además agregaría a mi piel rosas de un color rojo profundo, llenas de aroma sin olvidar que no se puede amar las rosas sin asumir las espinas, pero teniendo en cuenta que no están para hacer daño sino como protección, un recordatorio de que para acercarse hay que ir con cuidado pero después que lo logras podrás sentir todo su aroma y suavidad.